Travesía al confín blanco: senderos y glaciares en Santa Cruz

"En la Patagonia, el silencio no es ausencia de sonido, sino la presencia rotunda del viento puliendo las piedras desde hace diez mil años."
Llegar a El Chaltén al final de la primavera equivale a ingresar a un reino de escala descomunal. El pueblo, una pequeña aglomeración de techos a dos aguas levantada en 1985 en el departamento Lago Argentino, se encuentra sitiado por las torres verticales del cerro Fitz Roy y el cerro Torre. Aquí no hay necesidad de vehículos una vez calzadas las botas: las sendas nacen directamente al final de las calles.
1. El ascenso a Laguna de los Tres
La caminata clásica hacia Laguna de los Tres exige cerca de ocho horas de marcha de ida y vuelta. El primer tramo serpentea entre bosques de lengas achaparradas y arroyos de deshielo tan transparentes que invitan a llenar la cantimplora en cada recodo. A medida que se gana altura hacia el campamento Poincenot, la vegetación cede paso a la morrena pedregosa.
El último kilómetro, con un desnivel vertical de más de 400 metros sobre bloques de granito suelto, pone a prueba la paciencia. Sin embargo, la coronación del collado revela de golpe la laguna esmeralda custodiada por las paredes grises del Fitz Roy. La inmensidad del paisaje neutraliza cualquier cansancio previo.
Recomendaciones esenciales para el senderista
- Llevar siempre tres capas técnicas y cortaviento de membrana resistente; el clima cambia en minutos.
- Evitar el uso de bastones con puntas desnudas para mitigar la erosión de senderos frágiles.
- Respetar la política estricta de “Cero Huella”: todo residuo debe regresar a la base.
2. El rugido del Perito Moreno
Más al sur, en las inmediaciones de El Calafate, el glaciar Perito Moreno desafía las leyes del retroceso climático manteniéndose en un estado de equilibrio dinámico. Caminar por las pasarelas metálicas frente a su frente de sesenta metros de altura produce una sensación de asombro primitivo. Cada desprendimiento de hielo retumba como un trueno subterráneo que sacude las aguas del Brazo Rico.
Navegar en embarcaciones de porte menor permite aproximarse a una distancia prudencial de sus paredes estriadas, donde el azul zafiro revela la densidad extraordinaria del hielo comprimido por siglos de nevadas andinas.
Reflexión final
Viajar a Santa Cruz no es una simple excursión paisajística; es un recordatorio de nuestra escala frente a las fuerzas telúricas del planeta. En kautzer recomendamos destinar al menos seis días para acompasar el ritmo cardíaco a la cadencia tranquila de los pioneros australes.